En el pasado, las necesidades de comunicación de la población era algo totalmente distinto a lo que sucede ahora. Y esto pasa no por el cambio en la motivación de comunicarse, que siempre ha sido la misma -transmitir ideas-, sino por un cambio en los medios, que ha abierto la posibilidad de comunicarse con un número cada vez mayor de personas.

Esto, lógicamente, genera un importante problema. El código que se emplea dentro de un grupo es distinto al que se emplea en otro, y esto da como resultado la falta la entendimiento.

Pues bien, este es el panorama lingüístico mundial en la actualidad. Tenemos las tecnologías para comunicarnos, para hacer un mundo interconectado, tenemos el potencial para lograr el entendimiento intercultural, para hacer, quizás, una cultura humana mundial, basada en el respeto y la pluralidad. Podemos evitar, ahora más que nunca en la Historia, la incomprensión entre naciones con nuestra herramienta quizás más trascendental, la comunicación.

El problema por un fenómeno estrechamente relacionado con la creación de las lenguas, y es precisamente las diferencias que existen antre ellas, lo cual imposibilita la comunicación entre personas que usen distinto código (y de hecho dos códigos son distintos cuando dos personas usándolos, no se entienden).

Con lo cual, ¿qué hacemos? Muchos creen que el problema podría quedar resuelto aprendiendo una de las lenguas nacionales, y de hecho es lo que se pretende, se intenta, o verdaderamente se hace, con el inglés. Pero esto es una chapuza, y lo es por varios motivos.

El primero, más evidente y más chocante es sobre la igualdad. No podemos entendernos mundialmente en igualdad de condiciones si estamos usando un código que pertenece a una sóla cultura, y no podemos hacerlo por el simple hecho de que si se hace así, estamos creando "ciudadanos de primera" (anglófonos), "ciudadanos de segunda" (aquellos que entienden el inglés sin se angloparlantes) y "ciudadanos de tercera" (los que no entienden el inglés). Por otra parte, teniendo el inglés como lingua franca, muchos se verían obligados a expresarse con una lengua que no sienten como suya, con una lengua que pertenece a un determinado grupo por cultura y por tradición. Además, enseñar lenguas nacionales es algo que supone mucho trabajo y un gasto enorme, y que, por lo general, no da grandes resultados, suponiendo una instrucción insuficiente a nivel escolar como para desenvolverse y expresar ideas en dicha lengua de forma fluida. Por si queremos usar una lengua como lingua franca, ésta debe ser de momento, neutral (no nacional) y de fácil aprendizaje.

Otra solución, propuesta por la Comisión Europea, consiste en hacer que los ciudadanos aprendan el mayor número de lenguas nacionales posibles. Esto no deja de ser una utopía. Un escaso porcentaje de la población se vería capacitado para aprender las más de veinte lenguas que se usan en la Unión Europea, por ejemplo. En cambio, esto nos llevaría más bien a otro sitio: a que todo el mundo aprendiera inglés o como mucho francés, haciéndonos caer en la trampa.

La adopción de un lenguaje nacional como lingua franca acarrea muchos problemas, no sólo los ya mencionados, sino también en cuanto a que se ponen en peligro otras lenguas con menos fuerza. Esto mismo es lo sucedido en América del Sur con las lenguas indígenas, que se ven empujadas a su desaparición, y todo ello por la imposición de una lengua que hace olvidar a sus habitantes sus propias raíces lingüísticas. Éste es el peligro de una lengua nacional como lingua franca, y ése es el peligro del inglés sobre lenguas minoritarias (digo el inglés como podría haber dicho otra lengua, es sólo un ejemplo).

Conclusión, hace falta una lengua neutral, no nacional, de fácil aprendizaje y que sirva como puente. ¿Le suena a alguien de algo?